Evaristo Porrras - La Caída del Capo Narco



La primera vez que fue detenido, Evaristo Porras Ardila logró huir de la cárcel simulando estar enfermo. Fue en 1978. Ese día, ayudado por su socio y abogado, Vladimiro Montesinos, se escapó de la cárcel Daniel Carrión en el puerto peruano de El Callao, diciendo que tenía apendicitis.

Quince años más tarde su salud le jugaría una mala pasada. Con los primeros síntomas de párkinson, cojo y sin escoltas, el 15 de diciembre de 1995 cayó preso por quinta y última vez. Esa captura significaría la caída definitiva del imperio de uno de los capos más conocidos del país, no sólo por sus excentricidades, que incluyen una casa que construyó en Leticia como réplica de la que poseían los Carrington en la serie Dinastía y un gigantesco y lujoso prostíbulo en medio de la selva, sino por sus incursiones en la política.

Fue Evaristo quien le ayudó a sus socios del Cartel de Medellín a infiltrar la campaña al Congreso de Rodrigo Lara Bonilla, con un cheque de un millón de pesos. Jairo Ortega, suplente en la Cámara de Pablo Escobar, le hizo un debate a Lara en 1983, cuando este era ministro de Justicia, asegurando que Porras era narcotraficante y había donado dinero al Nuevo Liberalismo. Aun así, el proceso penal que se inició dejó incólume al capo y como acusado a quien había tenido la valentía de confrontarlos públicamente. Y por la presencia de Porras en un acto político en 1993, el Partido Liberal tuvo que expulsar de sus filas a dos connotados dirigentes, Jorge Eduardo Gechem (hoy senador electo del Partido de la U) y Rodrigo Turbay.

El día de su captura amenazó a las autoridades con suicidarse si lo mostraban ante los medios, mientras sufría un ataque de nervios y lloraba de manera incontenible. Así fue recluido en la cárcel Modelo. Llegó al pabellón de Máxima Seguridad donde compartió patio con el guerrillero Yesid Arteta; el paramilitar Alonso de Jesús Baquero, ‘El negro Vladimir’; Juan Diego Arcila, ‘Tomate’, uno de los lugartenientes de Escobar, y un grupo de jóvenes sicarios del cartel de Medellín, al que le sirvió durante tres décadas.

Su estado de salud se fue agravando a medida que el Estado inició una fuerte cacería para incautar sus bienes. Evaristo Porras, el mismo que apareció altivo en los medios recibiendo el premio mayor de la lotería (uno de los tres que se "ganó" en un año), el mismo que se presentó desafiante ante un juez para acusar a Lara Bonilla, el mismo que había salido libre en tres oportunidades gracias a triquiñuelas legales y posibles complicidades del sistema legal, estaba acabado, enfermo y sin más de un centenar de bienes, avaluados en 5.000 millones de pesos, que le habían allanado.

Agobiado, con temblores en sus extremidades y cargando una bala de oxígeno, fue trasladado a las casas fiscales de La Picota, en 1998. Allí compartió patio con los políticos caqueteños acusados del secuestro del congresista Diego Turbay, con quienes pudo conectarse a su tierra natal. De allá, de Florencia, había salido muy jovencito a buscar fortuna en Leticia. Y la encontró.

 Fuente: http://cromos.elespectador.com/personajes/reportaje/articulo-evaristo-porras-el-triste-final-de-un-capo

José Gonzalo Rodríguez Gacha alias "El Mexicano"






 El viernes 15 de diciembre de 1989, junto a seis individuos más que lo acompañaban, entre ellos su hijo Freddy, finalmente murió en su ley enfrentando a la Policía cerca a las playas de Sucre. 
La versión oficial de las autoridades fue que resultó abatido después de una cinematográfica persecución desde Cartagena. No obstante, el informante que lo delató aseguró que en el momento crucial y al verse vencido por la Policía, para evitar su captura se suicidó volándose la cabeza con un artefacto explosivo. 

Cualquiera sea la realidad, lo cierto es que recordar la saga asesina de Gonzalo Rodríguez Gacha es refrescar la memoria de una secuencia trágica del país con varios capítulos de exacerbada violencia. Nacido en mayo de 1947 en una vereda del municipio de Pacho (Cundinamarca), desde muy joven entendió que el rebusque era su destino para salir de la pobreza. Así lo hizo desde que emigró a Bogotá y trabajó desde mesero y ayudante de buses hasta comerciante en el sector de San Victorino.
Pero un día cambió su vida porque viajó a Muzo (Boyacá) para iniciarse en el negocio de las esmeraldas, y rápidamente entró a convertirse en uno de los protegidos de quien entonces era el zar de esta actividad: Gilberto Molina Moreno. 

De su mano empezó a moverse a sus anchas por Muzo, Quípama, Borbur, Otanche o Chiquinquirá, no sólo aprendiendo los secretos de la minería, sino también entendiendo que en ese negocio muchos asuntos tenían que saldarse a bala. De ahí que se hablara de la guerra verde. 

 En poco tiempo Rodríguez Gacha se volvió la mano derecha de Gilberto Molina, y a su lado aprendió cómo hacerse respetar con la ley del gatillo. Sin embargo, de manera paralela al negocio de las gemas, empezaba a abrirse paso el narcotráfico. Gilberto Molina también tenía sus sembrados de coca, pero Rodríguez Gacha resultó aún más audaz en esta actividad y, con el apoyo de Verónica Rivera de Vargas, en los años 70 una de las emperatrices de la cocaína, se transformó en un verdadero capo del narcotráfico. Esa trasformación lo llevó a elegir una región del país para expandir su propio imperio. 

Lo hizo en la zona del Magdalena Medio, entre Santander y Antioquia, donde también se relacionó con el grupo de narcotraficantes que le daban estructura al llamado Cartel de Medellín. En poco tiempo, junto a Pablo Escobar Gaviria, los hermanos Ochoa Vásquez y otros mafiosos de la zona, Rodríguez Gacha se volvió un acatado jefe del delito y un adecuado socio para los promotores del narcotráfico desde el departamento de Antioquia.

En 1981, cuando el M-19 secuestró a Martha Nieves Ochoa y los mafiosos decidieron crear el movimiento Muerte a Secuestradores (MAS), uno de los principales financiadores de esta empresa criminal fue Gonzalo Rodríguez Gacha. De paso, ‘El Mexicano’ encontró una razón adicional para alentar su odio enfermizo contra todo aquello que oliera a izquierda o a grupos guerrilleros. Por esa misma razón, cuando nació la Unión Patriótica, se trasformó en uno de los principales gestores de su exterminio. 


En 1984, cuando el entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, inició sus señalamientos contra los capos de la droga, uno de los mencionados fue precisamente Rodríguez Gacha. Pero en ese momento, ya ‘El Mexicano’ era todo un potentado. Tenía grandes extensiones agrícolas, innumerables propiedades y negocios con fachada legal.

Además del Magdalena Medio, también había elegido otra zona de expansión: el departamento del Meta. Allá llegó con sus sicarios y sus rutas para la cocaína. En los tiempos de la guerra del Cartel de Medellín contra el Estado y la sociedad colombiana, Rodríguez Gacha fue quien llegó más lejos en términos de barbarie.

Pero no solamente fue uno de los artífices de los incontables actos criminales de los mafiosos que secundaron la aventura asesina de Pablo Escobar Gaviria, sino que por su propia cuenta y utilizando su arma predilecta de filtrar y comprar a miembros de la Fuerza Pública, desplegó su propia violencia contra la UP, contra los políticos tradicionales y hasta con sus propios socios.

 En 1988, cuando ya el país sufría las consecuencias de la guerra abierta entre guerrilla, paramilitarismo y narcotráfico, entre otras expresiones ilegales, Rodríguez Gacha ya era un coloso de la guerra. Pero al mismo tiempo un gran empresario, al punto que la revista Forbes, en junio de ese mismo año, lo catalogó como uno de los hombres más ricos del mundo. Entre sus inversiones, de años atrás ya fungía como uno de los principales accionistas del equipo profesional de fútbol, Millonarios de Bogotá.

 No obstante, Rodríguez Gacha sabía que su imperio tenía muchos enemigos y por eso se asoció con los pares de su negocio para extender sus actos de intimidación y de violencia. Uno de ellos fue Fidel Castaño, promotor de grupos paramilitares en el departamento de Córdoba y la región del nordeste antioqueño. De esta alianza y del apoyo del propio Escobar Gaviria y otros secuaces, surgieron incontables masacres de campesinos, o llegaron a Colombia mercenarios israelíes y británicos para aprender técnicas terroristas que luego pusieron en práctica.


Hasta que llegó el año 1989 que, de alguna manera, significó un punto de quiebre para todos. Empezando por el propio Rodríguez Gacha, que en febrero de ese año protagonizó una de las más cruentas matanzas de la época. En área rural de Sasaima (Cundinamarca), sus secuaces asesinaron a tiros a quien había sido su primer benefactor, Gilberto Molina. Junto a él fueron masacradas 14 personas más.

Desde ese momento, a sus guerras contra el Estado o contra la izquierda democrática, sumó también la reedición de la guerra verde contra sus antiguos socios. En ese momento ya era claro que Rodríguez Gacha no tenía límites a la hora de imponer su ley.


Sus dominios territoriales se expandían por el Meta, el Magdalena Medio, el departamento de Sucre, algunos municipios de Cundinamarca y hasta tenía extensiones en el Putumayo o el Caquetá. En esa pelea por volverse el gran barón de la droga y del paramilitarismo, libró una guerra a muerte con las Farc a quien además acusaba de haberle sustraído unos cargamentos de droga, pero en asocio con Pablo Escobar siguieron en la ruta de los carros bomba y los asesinatos selectivos. El más sentido de ellos, desde la perspectiva política, fue el del asesinato del casi virtual presidente de la República, Luis Carlos Galán. Aunque el magnicidio fue obra del Cartel de Medellín, la autoría material corrió por cuenta de los hombres de Rodríguez Gacha. El comando que perpetró el atentado del 18 de agosto de 1989 en la plaza central de Soacha, era suyo. El asesino material de Galán, el sujeto conocido como Jaime Rueda Rocha, era uno de sus principales lugartenientes y uno de los principales alumnos que tuvo el mercenario israelí, el coronel (r) Yair Klein.

 Pero después del asesinato de Galán empezó la retirada de ‘El Mexicano’. Aunque algo tuvo que ver, al menos en la planeación, en los atentado contra El Espectador, Vanguardia Liberal, el avión de Avianca o el edificio del DAS, amén de otros cuantos hechos de violencia en ese año trágico, Rodríguez Gacha empezó a vivir su propio ocaso.

Además, sin que lo supiera, otros de sus enemigos ya habían planeado cómo colaborarle al Estado para sacarlo de circulación. Los capos del Cartel de Cali que encontraron la forma de infiltrar su organización con miras a delatarlo. Es la historia particular de Jorge Enrique Velásquez, alias ‘El Navegante’, quien recibió un millón de dólares para infiltrarse en el Cartel de Medellín, y fue la persona que, con el concurso de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, dio la información clave a la Policía para dar con el sitio donde se ocultaba Gonzalo Rodríguez Gacha.

Una operación cuya fase culminante se vivió en Cartagena, hasta donde llegaron las autoridades para capturarlo, con el apoyo de la DEA de Estados Unidos. Sin embargo, como ‘El Mexicano’ también tenía sus informantes, el 14 de diciembre de 1989 eludió el cerco y por vía marítima huyó con sus principales hombres hacia el puerto de Coveñas (Sucre). Lo que no sabía Rodríguez Gacha es que ‘El Navegante’ también le dijo a los perseguidores hacia donde se había movido el capo. Por eso, una vez ‘El Mexicano’ entró a Coveñas, ya tenía encima a la Policía.

A bordo de un camión Chevrolet rojo huyó por la vía entre Tolú y Sincelejo, siempre acosado por la Fuerza Pública. En esa persecución, y en el momento en que ya era imposible mantenerse por una vía pública, Rodríguez Gacha y sus acompañantes se internaron en la zona rural tratando de ocultarse en un platanal. Pero en ese momento ya una patrulla de Infantes de Marina se había asomado al asedio.

De ahí en adelante surgen las dos versiones: la oficial que afirma que una bala calibre 7.62 de la Policía le dio en el rostro y le causó la muerte; y la de ‘El Navegante’ que sostiene que en el momento de la captura, después de hacer una seña obscena, ‘El Mexicano’ se voló la cabeza. Lo cierto es que ahí terminó la aventura asesina de Gonzalo Rodríguez Gacha.

Los cadáveres fueron trasladados al Hospital Regional de Sincelejo donde los medios de comunicación tomaron las fotos e imágenes que conoció Colombia. Después, junto al cuerpo sin vida de su hijo Freddy, el cadáver de ‘El Mexicano’ fue remitido a Pacho (Cundinamarca), donde fue finalmente sepultado en medio de una multitudinaria ceremonia a la que asistieron decenas de personas que habían recibido alguna ayuda económica de quien también quiso vender la imagen de ser un Robin Hood moderno.

 La muerte de ‘El Mexicano’ dejó a Escobar Gaviria sin un socio clave en su campaña de intimidación contra el Estado y la sociedad, pero también puso en aprietos a las autoridades para saber qué hacer con su fortuna. Fueron varios años buscando y encontrando caletas, incautando bienes o peleando con sus herederos para extinguir el dominio de sus propiedades mal adquiridas. Hoy, 23 años después de su muerte, la leyenda negra de Gonzalo Rodríguez Gacha puede recontarse entre sus múltiples herederos que siguieron en la tarea de convertir a Colombia en el escenario de su barbarie. 

Fuente: http://www.elespectador.com/especiales/el-otro-capo-ensangrento-colombia-articulo-379011

La Amistad de Alias Popeye con Lorena Henao, La Reina del Cartel del Valle



 

La Amistad de Alias Popeye con Lorena Henao, La Reina del Cartel del Valle


Lorena Henao ya era una leyenda en el mundo del narcotráfico cuando fue asesinada a tiros el jueves pasado. La mítica ‘Viuda de la Mafia’, hermana de Orlando, Fernando y Arcángel -fundadores del Cartel del Norte del Valle- y casada después con el extinto capo Iván Urdinola, habría sido baleada, paradójicamente, por orden de un sobrino de su esposo. Esa es la versión que conoció este diario de boca de un familiar de Lucio Quintero Marín, socio y amigo íntimo de Lorena y quien también murió en el ataque de sicarios ocurrido el pasado 27 de diciembre al mediodía, en inmediaciones de La Tebaida, Quindío.
La única sobreviviente al atentado fue una sobrina de Quintero, de 12 años de edad.“A Lorena le exigieron unas propiedades que le pertenecían a Iván Urdinola, pero ella se negó a entregarlas porque decía que era su única herencia”, dijo una persona cercana a Lucio, quien pidió reserva de su identidad por razones de seguridad. Agregó que “las cosas están tan difíciles que ni siquiera pudimos ir al entierro en Tuluá”. Las propiedades a las que se refiere la fuente serían aquellas que se lograron mantener ocultas de las autoridades colombianas y que no hacen parte de las 18 empresas que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos le congeló a Henao, pues fueron obtenidas con recursos provenientes de actividades ilícitas. Serían, según un investigador del CTI de la Fiscalía, “unas haciendas y fincas ubicadas entre Buga y Armenia que siempre estuvieron en manos de testaferros y que, tal parece, Lorena había empezado a poner a su nombre tras quedar en libertad en mayo del año pasado”.


Esa sagaz jugada, en opinión de dos abogados que llevan procesos a miembros del Cartel del Norte del Valle, provocó una disputa con quien es señalado por los familiares de Quintero como el principal sospechoso de ordenar su asesinato: Héctor Mario Urdinola, alias Chicho, sobrino de Iván Urdinola. A este hombre la Policía Nacional lo señala de liderar la llegada a Cali y al Valle de la banda criminal ‘los Urabeños’. Junto con alias Martín Bala, Gafas y el Negro Orlando, serían los responsables de iniciar una guerra contra ‘los Rastrojos’ en la región, otra banda criminal que fue liderada por los hermanos ‘Comba’ y Diego Pérez, hasta que los primeros se entregaron a la Justicia de Estados Unidos y el segundo fue capturado por las autoridades colombianas.


 La hipótesis de que Lorena fue asesinada debido a una guerra de bienes sería factible según el comandante de la Policía Valle, el coronel Nelson Ramírez, quien recuerda que la viuda heredó todos los negocios de su esposo y quedó como la única dueña de la fortuna que obtuvo el Cartel del Norte del Valle.“Aunque no hemos confirmado ninguna versión, es probable que su homicidio esté relacionado con actividades del narcotráfico y con el intento de recuperar las propiedades que tenían los antiguos capos”, declaró el Comandante de la Policía Valle. Aunque hay quienes afirman que la ‘Viuda de la Mafia’ seguía de cerca los negocios de la familia Henao-Urdinola en el norte del Valle, oficiales de inteligencia de la Policía sostienen que desde que recuperó su libertad Lorena no regresó al departamento, debido a los riesgos que enfrentaba, por lo que mantenía en Bogotá y el Eje Cafetero, donde fue asesinada.

 El poder mafiosoEsa misma hipótesis: que el sobrino de Iván Urdinola dio la orden para asesinar a Lorena Henao ante su negativa para entregar las millonarias propiedades sembradas con caña de azúcar, es la que por ahora manejan las autoridades que iniciaron la investigación del doble crimen. Sin embargo, oficiales del CTI con los que habló este diario el viernes, creen que ‘La Viuda de la Mafia’ no prevía el peligro. “No parecía una persona a la que hubieran amenazado pues no iba en carro blindado ni tomó ninguna precaución, como lo hace alguien cuando teme por su vida”, dice uno de los investigadores que estuvo en la escena del crimen.

Pero si bien Lorena Henao no tomó ningún recaudo para evitar ser asesinada, otras versiones aseguran que ella nunca pudo quitarse de encima la sospecha de ser la autora del supuesto asesinato de su esposo Iván Urdinola. Tras la muerte del capo, ocurrida en febrero del 2002 en la cárcel de Itagüí, el Inpec dijo que se trató de una intoxicación que le provocó un infarto agudo al miocardio. Esa entidad jamás reconoció que Urdinola hubiera sido envenenado como afirman varios de sus familiares, entre ellos ‘Chicho’, quienes incluso pagaron a peritos forenses para tener una segunda opinión.

Aunque se desconoce el veredicto de dichas pruebas y han pasado más de diez años, en medio del entierro de Lorena Henao y Lucio Quintero, el viernes pasado en Tuluá, corrió un rumor: lo que habría acelerado la orden de asesinarlos fueron las sospechas de ‘Chicho’ frente a la presunta participación de ambos en el asesinato de Iván Urdinola. Otro aspecto que ponía en riesgo a Lorena Henao y Lucio Quintero a los ojos de quienes conocen los códigos del bajo mundo de la mafia vallecaucana, fue su “traición” al capo Urdinola, pues ellos tuvieron una relación íntima. “Fueron amantes, socios y hasta cómplices”, asegura una fuente cercana a la ‘Viuda de la Mafia’.

 Como si eso no fuera suficiente, se especula que Lorena Henao representaba los intereses de sus dos hermanos, Fernando y Arcángel, quienes están libres -aunque escondidos- en alguna parte de Estados Unidos, país donde pagaron sus condenas por narcotráfico, delito por el cual nunca se investigó a su difunta hermana.

Tras delatar a varios de sus socios, los hermanos Henao habrían recibido rebajas en sus penas. Fernando Henao, quien pagó 10 de los 19 años a los que fue condenado, ya se habría unido a Arcángel, preso desde el 2004 en una prisión de La Florida.

 De acuerdo con informaciones de inteligencia, el trato que hicieron los hermanos con la justicia incluía la entrega de una decena de lugartenientes del Cartel del Norte. Además, ambos habrían testificado en contra de varios capos que también se encontraban negociando con los Estados Unidos. Por eso, se cree que hay quienes les estarían cobrando su deslealtad.

Ellos, por su parte, estarían reclamando los bienes y la fortuna que obtuvieron, junto con la familia Urdinola, luego de enviar más de 500 toneladas de coca a los Estados Unidos entre 1990 y 2004. El asesinato de Lorena Henao marca un punto de inflexión en la historia del Cartel del Norte del Valle y genera una oleada de temor en el departamento. Algunas fuentes sostienen que en poco tiempo podrían llegar las venganzas del clan Henao y sus amigos cercanos, los Quintero.

Algo que podría atizar aún más esa guerra entre bandas criminales que este año ha dejado cientos de muertos en la región.
 A la cárcelUn juez de Armenia envió a los dos presuntos homicidas de Lorena Henao Montoya a la cárcel Peñas Blancas de Calarcá.

Los presuntos asesinos son primos y podrían tener relación con la banda criminal ‘Los Machos’ que opera en el Valle.

Los supuestos sicarios fueron detenidos en una estación de gasolina cercana al lugar del crimen. Los detenidos no aceptaron los cargos de homicidio agravado, porte ilegal de armas y lesiones personales a una menor de edad.

 La víctimaLorena Henao, de 43 años, fue detenida en el 2004 en Panamá y aceptó cargos por concierto para delinquir y obtuvo la casa por cárcel. En 2010 violó el beneficio y fue recapturada.Emma Juliana Urdinola, hija de Lorena e Iván, de 23 años, paga condena de 37 años por la muerte de un sindicalista. Fuente: http://www.elpais.com.co/judicial/por-que-asesinaron-a-lorena-henao-conocida-como-la-viuda-de-la-mafia.html

Quienes Custodiaban al Patrón?


En éste video podemos observar a los Sicarios de Pablo Escobar

Salvatore Mancuso y Los PePes


Salvatore Mancuso Gómez (Montería, 17 de agosto de 1964), conocido también por los alias de "el Mono Mancuso", "Santander Lozada" o "Triple Cero", es un paramilitar, narcotraficante y criminal colombiano, comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); desmovilizado en 2005 y extraditado a Estados Unidos en 2008.
Mancuso ha reconocido su participación en por lo menos 300 asesinatos1​ incluido el de una niña de 22 meses2​ y se le atribuye la autoría como comandante de la Masacre de Mapiripán en la que murieron veinte campesinos en estado de indefensión y la Masacre de El Aro donde fueron asesinados otros 15 en 1997 y por la cual se le dictó una condena de 40 años de cárcel (no purgada por su sometimiento a la Ley de Justicia y Paz); igualmente es señalado por la Masacre de la Gabarra en 1999 donde fueron asesinadas 35 personas y la Masacre de El Salado en febrero de 2000, donde fueron asesinadas más de 100 personas3​ y es considerada una de las acciones más sanguinarias de las AUC.1​ Mancuso confesó que el Bloque Catatumbo que él comandaba fue responsable de la muerte de cinco mil civiles y que las autodefensas habían infiltrado todas las ramas del poder público.4​ Mancuso es también acusado por el delito de narcotráfico por la corte del Distrito de Columbia, Estados Unidos, hechos por los cuales fue extraditado a ese país en 2008. La justicia italiana y la Guardia di Finanza de Milán también lo acusan de haber traficado con drogas en unión con la mafia calabresa.5​

La Historia de Alias Pinina





John Jairo Arias Tascon alias Pinina, fue un miembro del Cartel de Medellín. Ex integrante de la banda de Los Priscos, obtuvo poder en el ala terrorista del Cartel, por lo que es señalado por las autoridades colombianas como responsable de cientos de asesinatos. Llegó a ser considerado como el quinto en importancia dentro de la estructura del Cartel. Participó en el atentado al edificio del DAS en diciembre de 1989. Fue enjuiciado por el asesinato del magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Hernando Baquero Borda.
El nombre de John Jairo Arias Tascón está vinculado con los asesinatos de Rodrigo Lara Bonilla, de Antonio Roldán Betancur, del coronel Franklin Quintero, del procurador Carlos Mauro Hoyos y del periodista Jorge Enrique Pulido. A ello se suma su participación intelectual en los atentados al edificio del DAS y al avión de Avianca, que dejaron cerca de doscientas víctimas inocentes.

 De acuerdo con las investigaciones adelantadas por el DAS, "Pinina" tenía una larga amistad con Pablo Escobar. A su lado se había hecho un hombre rico por sus acciones al frente de los grupos de sicarios. Tanto que llegó a ser el quinto en la Jerarquía de la organización y, según las autoridades, el jefe de escoltas de Escobar. Como en la mayoría de estos delincuentes, su niñez transcurrió en medio de la pobreza y la violencia de los barrios marginales de Medellín. Antes de los quince años ya conocía muchos de los secretos del oficio.

Había sido raponero a los 12, pandillero a los 14 y a los 15 hizo sus primeros trabajos como sicario. Era, para entonces, uno de esos adolescentes que iba a recibir entrenamiento en las escuelas de sicarios organizadas por el cartel, en las afueras de Medellín.

Su sangre fría, su instinto para matar y el arrojo demostrado en los entrenamientos contrastaban con su figura frágil y, más aún, con la voz chillona que le valió los apodos de "Pinina" y "Andrea" con los que sus compinches lo bautizaron, pues la encontraban parecida a la de la niña actriz argentina Andrea del Boca. Muy rápidamente ascendió en la jerarquía del sicariato hasta llegar a ser considerado uno de los hombres más cercanos a Pablo Escobar.

Una de las cosas que más le ayudó en su oficio fue el conocimiento que tenía de las gentes de la comuna. Era un tigre para reclutar muchachos para el sicariato. Por eso, el primer magnicidio del cartel, el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla, se le encomendó a él.

Fue él quien contrató y pagó a Byron de Jesús Velásquez, Iván Darío Guizao Alvarez y a los demás integrantes de la banda que cometió el asesinato en 1983. Pero, su gran prueba como hombre de confianza del narcotráfico tuvo lugar en 1988 cuando Escobar lo envió al Valle con la misión de desatar la guerra contra el cartel de Cali.

En compañía de otros sicarios recibió la orden de organizar el asesinato de las principales cabezas del narcotráfico en esa ciudad. Para lograrlo, "Pinina" compró apartamento y finca en lugares cercanos adonde residían y tenían propiedades los jefes del cartel de Cali. La operación fracasó después de que las autoridades en Medellín, tras una serie de allanamientos en la capital antioqueña, descubrieron y divulgaron los pormenores del plan.

 Pero como el fracaso no había sido su culpa siguió gozando del aprecio de los jefes del cartel de Medellín, quienes para protegerlo, decidieron su traslado a Bogotá y desde entonces alternó sus actividades entre estas dos ciudades. "Pinina" pasó del magnicidio al carro-bomba y al crimen colectivo. Organizó y ordenó la racha de explosiones que ha dejado 262 civiles muertos, 129 policías asesinados en Medellín y miles de damnificados en todo el país. El final de uno de los hombres más buscados por las autoridades militares y de policía se logró después de una larga labor de inteligencia que se inició hace cerca de un mes.

El éxito del operativo se debió a la información entregada por un ciudadano que se comunicó en varias oportunidades con la comandancia de la policía de Antioquia para suministrar información sobre el paradero de "Pinina". Como recompensa por su información, el gobierno nacional le entregará, en absoluta reserva, cien millones de pesos.

 El golpe llevó al director de la policía, general Gómez Padilla a afirmar que "se ha eliminado un eslabón más en la cacería de Pablo Escobar. A él seguiremos buscándolo. Le estamos cerrando espacios. El está en Antioquia, en los valles de Aburrá y de Rionegro. No sale de allí porque son lugares muy propicios para sus desplazamientos".

Fuente: http://www.semana.com/nacion/articulo/golpe-sicariato/13607-3

Barry Seal, el piloto de la CIA que se convirtió en narcotraficante.



Adler Berriman Seal, más conocido por «Barry Seal» fue un piloto estadounidense, primer mercenario de la Agencia Central de Inteligencia (CIA),traficante de droga e informante de la Administración para el Control de Drogas (DEA). Cuando trabajaba como piloto para Trans World Airlines (TWA), la CIA lo reclutó para llevar a cabo una de las mayores operaciones encubiertas en la historia de EEUU. Entre otros encargos, tuvo que luchar contra el ejército sandinista en el marco de la Revolución Nicaragüense, además ayudó a financiar la lucha armada en Irán en la guerra Irán-Irak.
En 1976 comenzó a transportar drogas en su avioneta en el trayecto de vuelta de sus misiones en Latinoamérica. Lo hacía para "aprovechar" el espacio libre. Gracias a su estilo, chulería y ganas de vivir, el piloto de la TWA Barry Seal se convirtió en el auténtico héroe de la adormilada ciudad de Mena, Arkansas, Estados Unidos, en la que vivió a partir de 1981. Allí puso en marcha negocios de blanqueo con los que desembolsó grandes cantidades de dinero. Hasta el punto que tuvo que ocultar parte de su escandalosa fortuna. Llegó a esconder billetes en un bosque cercano a su casa.


A finales de los 70 y principios de los 80 podía realizar todo tipo de actos al margen de la ley. "Acabó trabajando para el Gobierno de los Estados Unidos y el cartel de Medellín a la vez sin que ninguno de los dos los supiera", señala el realizador de la película Brian Grazer. En 1979 fue detenido en Honduras. Le confiscaron 25 millones de dólares en cocaína y pasó 9 meses en la cárcel de Tegucigalpa. A comienzos de los 80 se convirtió en informante de la DEA, la agencia antidroga estadounidense, para reducir su sentencia por narcotráfico. Fue la primera persona que logró fotografiar a Pablo Escobar con las manos en la masa como parte de su labor de informante. La imagen la tomó en 1984. Pese a ser un reconocido traficante, su imagen era la de un hombre hogareño que veía sus hazañas con ingenuidad. Estuvo dispuesto a hacer cualquier cosa para que su mujer Lucy y sus cinco hijos fueran felices.